Caluga#14: Locus Tren

Caluga#14 Locus Tren

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Pobre, te imagino con cara de cansado … sin ganas de hablar …

No hay problema, hablo yo entonces …
¿Cuántas veces te he querido hacer partícipe de estas mini-micro-caracterizaciones que se me ocurren cuando viajo y miro a la gente, cuando trato de definir, a veces hasta con etiquetas, los grupos que distingo?

Siempre he tratado de compartir estas cosas contigo, pero la mayoría de las veces te veo la cara, termino a medias, trato de resumir, de acabar rápido, cuando veo que me miras con cara de miedo a no entenderme, o con cara de ganas de ignorarme para no arriesgar con algún comentario el alargue del cuento. Que no es lo mismo pero es igual. Por eso he ido perdiendo el entusiasmo por ilustrar demasiado diferenciadamente cualquier singularidad que se me ocurra, por miedo a parecer habladora, o pedante, o porque te has vuelto maestro en hacerme creer que no te interesa.
Pero esta vez quiero insistir, no es mucho lo que quiero transmitir, es una simple burbuja en una sopa, que quizá sólo yo tome.

Ayer salí agotadísima del trabajo con la mente fijamente puesta en dormir en el tren de vuelta a casa. Mi propósito era esta vez, lograr dormir, no dormitar, dormir, cerrar los ojos, conseguir que no tiemblen los párpados estando cerrados -que caigan pesados, como la cortina del cine donde iba cuando era chica-, relajar los músculos de la frente, de la cara y finalmente dormir, soltar la mandíbula, dormir sin miedo a la cara de muerto expósito que tienen los dormidos de verdad, de verdad dormidos.

Locus train
Locus train

Lo único que quería era subirme al tren encontrar rápidamente algún asiento-rinconcito-paraíso mínimo, para dormir, para dormirme de verdad en el tren, desaparecer, anularme media hora, tres cuartos de hora, nada más simple, un simple asiento al término de la jornada laboral en un vagón cualquiera del Regional destino a Aquisgrán.

Como sabes, a ésa hora sólo viaja de vuelta una procesión de gente extenuada –como yo–, mujeres y hombres jóvenes y casi jóvenes, de buena pinta en general –como yo–, pero a ésa hora ya desdibujados, desalineados, mujeres buenamozas, pero ya de mal pelo –como yo–, hombres semi-desparramados pero con corbata –como tú.
En estos trenes es fácil dormir, yo soy la difícil, lo digo antes que me lo digas.

Por eso es que digo que ayer me tocó la pura mala suerte: cuando más quería dormir y borrarme, después de acomodarme en mi rincón y antes de sentar cabeza, comencé a notar que mis compañeros de vagón no serían aquellos fatigados de fatiga solidaria y hasta de hastío hermano, no serían los entrañables, habituales, cansados nerds de mi regreso, sino que repartidos en varias manchones, formando la peor constelación anti-sueño del Regional 1, fueron llegando grupos de estudiantes, de estudiantes conversadores, y dentro de este género ya macabro, la especie más peligrosa y más gregaria, la de los estudiantes extranjeros, y dentro de ésa especie, una subespecie implacable, la de los estudiantes extranjeros de intercambio, un rebaño que se oye siempre haciendo conversación en constante esfuerzo por vocabulario, sobre nimiedades de reconocimiento juvenil básico, flirting en tartamudo, en inglés no nativo pero americano, abusando de ése conocido set de interjecciones reiterativas, consabidas, medio vacías, pronunciadas con cierto nerviosismo; queriendo marcar, con un entusiasmo artificial y un poco atropellado, esencialmente, un interés rotundo por trivialidades en torno al tema viajar por el mundo y ver ciudades.

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  • Caluga#:14 “Locus Tren” | 2010- © 2020 | ricardo castillo sandoval | This work is licensed under a Creative Commons License.

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