Nuestros aliados

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HDP

Este texto forma parte del material que vio la luz pública durante la recordada serie de hallazgos de pelotas (HDP) en Santiago a principios de los años 80. Entre marzo de 1981 y diciembre de 1983, documentos manuscritos de diversos autores desaparecidos fueron siendo encontrados escondidos dentro de pelotas de plástico, las que eran abandonadas por desconocidos, en canchas de tierra en diferentes puntos periféricos del Gran Santiago.El hallazgo del presente texto tuvo lugar en la población Santa Adriana, Lo Espejo, Santiago de Chile, 26 de agosto de 1981); y muestra características parecidas a las del hallazgo de la pelota que contenía las tres partes de “El amor de los curados”, que tuvo lugar un año después.


Nuestros aliados. La pelota encontrada conteniendo el texto “Nuestros aliados”, presenta también signos de violencia singular, si bien menos intensa que en el caso de “El amor de los curados”.
Aparte de una serie de piquetes que hacen pensar en algún tipo de ritual practicado sobre la pelota con un instrumento punzante, se distinguen en tres puntos equidistantes, claros signos de abrasión, practicados muy probablemente con un encendedor de cigarrillos. El papel sobre el cual se escribió -a máquina (Olympia, Monika#1)- es de mala calidad y muestra huellas de quemaduras en diversos puntos, por exposición a llama abierta, o a objetos incandescentes, presumiblemente brasas de cigarrillo.

Nuestros aliados

Desde aquí rememoro las cabezas
de quienes fueron aliados,
de quienes estuvieron armados contra
los ejércitos que nos dieron
y dan batalla:

Esas cabezas de aliados,
se están alejando ahora hasta la última.

Año tras año sufrimos el bombardeo
y restañamos en las treguas
nuestras heridas
con un alcohol ganado de los estropajos,
riendo un llanto salino,
unos a otros nos enseñamos
esas fotografías siempre manchadas con algo
y muchos llegaron a intercambiar direcciones,
para ir a morir acto seguido.

¿Adivina alguien el corazón de los aliados?

Peleamos por años una guerra sin bordes,
los que tuvieron más suerte
quedaron muertos en el campo
otros
con los nervios destrozados para siempre;
otros
dijeron que era mejor pasarse al enemigo
otros
prefirieron jugar con el fuego
del espionaje doble.

Sin embargo,
la mayoría sólo ha ido
dejando de interesarse
en dar batalla.

Quienes fueron mis aliados me besan
en estos días de bruma
con labios fríos la frente generala.

Dobladas, humeantes,
las desgarradas prendas
me van entregando
en fila
caldeadas armas
a mis pies van dejando,
y yo,
que siempre fui parco, áspero de palabra;
sólo se mover la cabeza de lobo
mirar ausente con ojos de lobo
y seguir erguido
entre las descargas de este campo minado:

¡Que no vea mi gente que no me quedan más aliados!

Atraviesa esta turbia comarca
el nebuloso tren que se lleva a mis aliados
acercando pálidos a los cristales empañados de las ventanas
las cavidades de sus ojos, los reconozco al pasar a todos.
Es sólo que ahora están peinados.

Yo conocí a sus madres
y a sus hermanos;
Bebí con ellos el brebaje negro
que se prepara en las trincheras,
y sé que son ellos.

Sólo que ahora les han dado un nuevo uniforme
y les han predicado con éxito
la loca idea de que no hay guerra que pelear
ni ejército demente que mantener,
y que ya nadie necesita ninguna alianza.

De a uno o de a dos en cada estación
de aquí a la quebrada más picante
irán bajando indefensos
porque les han hecho renegar
porque les han hecho olvidar
a su ejército aliado,
y el peso de sus armas.

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