En qué hay que creer

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HDP
Este texto forma parte del material que vio la luz pública durante la recordada serie de hallazgos de pelotas (HDP) en Santiago a principios de los años 80.

Entre marzo de 1981 y diciembre de 1983, documentos manuscritos de diversos autores desaparecidos fueron siendo encontrados escondidos dentro de pelotas de plástico, las que eran abandonadas por desconocidos, en canchas de tierra en diferentes puntos periféricos del Gran Santiago.

En qué hay que creer

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Y ahora en qué hay que creer:
En una mente humana poderosa.

En que todos de forma cotidiana
viajaremos al espacio
(como ahora todos viajamos al centro).

En que en grandes ciudades tipo satélite
vivirán multitudes.

Y hay que creer
en que la ducha pasará a ser superflua,
en que ya no necesitaremos lavarnos
el pelo a diario ni secarnos,
en que a disposición de todo el mundo
se pondrán brillantes trajes plásticos,
dotados de óptimas cualidades térmicas.

En que en el futuro los hombres
no necesitaremos escupir todo el tiempo
y en que una “sustancia de vida”
nos nutrirá a todos por igual:
Estará disponible al interior de blancos recintos
donde en cómodos asientos individuales
nos la serviremos succionando unas mangueras de baquelita
y no perderemos tanto tiempo masticando y conversando.

Y hay que creer
En que las clases sociales serán olvidadas para siempre
(y los jóvenes reirán en las Universidades
del concepto del dinero).

En que no necesitaremos escupir todo el tiempo
y en que la especial “sustancia de vida”
rescatará también
de la muerte a los difuntos.

Y ahora en qué hay que creer:
En una mente humana poderosa.

En que la moda será distinta.
Nadie -salvo los actores- llevará corbata,
se usará un cuello redondo ribeteado
y se simplificará al máximo la chaqueta
extinguiéndose eventualmente la solapa.

Ufo1

Y las mujeres se acostarán con uno
sin hacer preguntas
saltándose todo el que sí-que no.

Y los niños chicos no serán problema.
Serán educados por una gran mentalidad
que sin necesidad de adoptar forma material alguna
hará escuchar su mensaje dentro de cada cabeza
en el ámbito de un santuario de piedra pulida.

Se hablará una jerga interestelar,
una común lengua,
y cada color en el vestir denotará
edad o categoría espiritual.

Nunca morirán los papás de uno
y todas las enfermedades dejarán prácticamente de existir:
Aquellos que enfermen serán curados sin dolor
por un rayo de irresistible poder.

Y la gente será del color que quiera.

Y ahora en qué hay que creer:
En una mente humana poderosa.

En que los lápices se exhibirán en los museos,
toda la gente preferirá el uso de computadores
para realizar hasta la más sencilla operación aritmética,
y toda telecomunicación será establecida
viendo el rostro del interlocutor en pequeñas pantallas.

En que la defecación
tanto como la micción
serán efectuadas por instrumentos:
Bajo el efecto de un hipnotismo automático,
un botón en la muñeca que al pulsarse,
evitará el conocimiento de esta materia.
Nos saltaremos toda excreción.

Ya no necesitaremos escupir todo el tiempo
Y persona alguna
precisará alimentarse más de una vez al día.


Y ahora en qué hay que creer:
En una mente humana poderosa.

Todos dormiremos cada noche
un promedio no superior a las tres horas:
Una pomada de color plateado
aplicada en las mañanas sobre las cejas
liberará al cuerpo y a la mente
del efecto de unos licores azules
transparentes subproductos del uranio.

Vestiremos traje plásticos,
y los hombres
serán invitados por las mujeres
sin hacer preguntas
saltándose todo el que sí-que no.

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