Caluga#40 Gonzalo

Estimado:

No es este el mejor momento para escribir, sí, yo tengo la culpa. Debería haber tratado de hablar contigo hace tiempo, pero no fue posible y después ya no se te pudo ubicar. No es que esté diciendo que traté, la verdad es que cuando se destapó la olla yo sabía que no tenía ningún sentido, y después, sabiendo que ni siquiera se te podía encontrar, ya no se me pasó tampoco por la cabeza. Ahora me pongo a escribir y la verdad es que ni sé qué decir. El tiempo pasa. Las urgencias van cambiando.

Yo siento un montón lo que pasó, pero lo que pasó ya pasó. Y ya me da lo mismo ya caer mal o bien. Seguro que te habrán comentado que estoy bastante alejado de todos los de antes. Estoy cabreado de todo esto, en parte por cómo se ha portado la gente conmigo, como si yo hubiera sido el malo de la película en el asunto este de la relación con la Magdalena. Para mí siempre ha sido un enigma que la gente siempre quiera encontrarle un solo culpable a situaciones como esta. Nunca he entendido tampoco a esos tipos que le quieren pegar al nuevo pololo de la ex. ¿Qué hay detrás de eso sino un menosprecio de la mujer? Como si las pobres no tuvieran voluntad y se movieran como algas en el mar entre las fuerzas de sus dueños.

Bueno, al final me pasé igual al tema ese al que no quería pasar, porque para mí ya es añejo. Me imagino que por algo será. Quizás sea la necesidad de decir lo que te habría dicho si te hubieras quedado como para hablar en ese tiempo. Tú te decidiste a no querer tener nada más que ver conmigo, no me dirigiste más la palabra. O sea, güeón, ¿yo soy el ladrón que te ha robado todo? ¿y vos soi el agüevonado del José Luis Perales? Me acuerdo Rojitas que antes nos burlábamos, a la vez que nos daba rabia esa canción güevona, precisamente por lo que te puse arriba, esa presunción de que los hombres se roban mujeres, que están, por así decirlo, ahí sentadas en la lluvia, esperando que las pasen a recoger.

Nunca te peleaste con la Magdalena tan a muerte como conmigo, y con esa pura actitud te peralesaste trágicamente. Por eso te pregunto de nuevo: tú realmente crees que estas cosas pasan porque se aparece un gallo más inflado al lado de la gallina? ¿Qué chucha de cosmovisión es ésa? Con esto no quiero echarle de nuevo leña al fuego sugiriendo que la Magdalena fue super activa en iniciar la historia. No, para nada, (además que me saca la chucha si me pilla diciendo algo parecido).
La relación de ustedes estaban p’al gato, cero comunicación, ironías para allá, ironías para acá, desamor en lo cotidiano, sorna. Así es que a lo más, alguien podrá acusarme de uso de información privilegiada, claro. Pero –chucha– son las reglas del juego ¿o no? Te parece cínico, seguro.

No importa, no nos vamos a tratar de ver la suerte entre gitanos po’ Rojas, acuérdate que … bueno … no pensaba escribir sobre esto, pero bueno ya, que salga de una vez: Yo nunca te he sacado esto en cara, querido ex-amiguito, como tú dices; pero te quiero refrescar la memoria, por primera vez en la perra vida, sobre el hecho de que tú sabías perfectamente lo que a mí me gustaba la Magdalena, antes de tirártele encima y ganar prácticamente por factor sorpresa. ¿Te hace tilín con eso alguna campanita, cabrito? Yo nunca te saqué sentimientos cochinos por eso, hasta ahora, que te los saco no muy convencido, porque también en esa idea de principios de amistad masculina no escritos hay un buen poco del tontón Perales.

Puede que con estas líneas yo no esté a la altura de tu espíritu, con estas frases atropelladas y latosas, pero me da lo mismo, yo no soy acá profesor de nada.

¿Te acuerdas de esta:? “Puede que mi precisión a algunos les suene pedante”? Nos reíamos siempre al recordar esa frase que yo dije en algún momento en el liceo, no me acuerdo a propósito de qué. Tu te reíste apenas la escuchaste. Y yo recién ahí me di cuenta de lo que estaba diciendo, y me reí también, no me quedaba otra. Ahora eso no me da ni fu ni fa, ya no me importa nada esa filigrana de explicar razones o describir puntillosamente el camino lógico de alguna conclusión. A lo mejor ni siquiera me da para terminar todas las ideas, no por no poder: pónte que me aburre, porque sé que nadie le presta mucha atención a los detalles. Y no me quiero alargar mucho, estoy con alergia y de mal genio. Además, El papel lo aguanta todo como decía la polola más vaca que he tenido en mi vida, la Luisa González, a la que le daba lata leer cartas.

Volvamos a lo que te interesa seguramente más.

Leí entre líneas que me estás diciendo o cobarde, o cínico, o todas las anteriores, con tus comparaciones al citar la frase “en la medida de lo posible”, que yo ni me acuerdo haber dicho.
Yo le dije a la Magdalena que ya habíamos hecho todo lo posible. De eso de “dadas las circunstancias”, tampoco me acuerdo. Le dije que habíamos ya hecho todo lo posible, porque así lo creo, y también en  gran parte, para tranquilizarla. Esas son palabras tranquilizadoras. Son fórmulas que ayudan, que alivian. No sé si esto haya que explicárselo a un adulto.

Magdalena la pasaba muy mal, yo lo veía constantemente. Por mi lado, yo me había me ido distanciando del asunto Marco antes, mucho antes que ella, y por eso estaba en la posición de tratar de tranquilizarla, decirle que nadie podría haber hecho más.

Así lo creo hasta ahora, creo que hicimos lo posible. Tal cual. Yo por lo menos lo hice hasta que no pude más. Me cansé de tratar a Marco como cabro chico desde hace mucho más tiempo que la Magdalena y que el negro. Y fíjate que a mí ya no se acercaba Marco con cosas raras, creo que él sabía con quién le resultaba el show y con quién no. Porque me cansé de prestarle plata, de prestarle cosas, de recomendarlo con conocidos para que me dejara después como chaleco de mono, y “si te he visto no me acuerdo”.

Esto no quita en nada el cariño que le tenía, y le tengo, a su mejor recuerdo. Pero lo que yo quería era también llegar a poder tratarlo como a un adulto normal, no como a un enfermo, poder hacerle las exigencias dignas de todo el mundo, recalco exigencias dignas de todo el mundo.

Ustedes, tú especialmente, nunca se dieron cuenta, de que también había un lado manipulador en él, que se estaba poniendo cada vez más fuerte. No se dieron nunca cuenta que era así en parte porque estaba acostumbrado a que siempre alguien lo sacara de apuros. Mal acostumbrado. Buen actor era, de siempre, si no, pregúntale a la Rebeca, y aprovechador. Pregúntale por qué ella tampoco quería saber de Marco por mucho tiempo.

Si tú quieres a toda costa echarle la culpa a alguien, ya, échamela a mí, al pesado, al cabeza de chancho. A lo mejor también en tu manera rara de ver las cosas podrás decir que yo eché a perder a la Magdalena, y que ella ahora no es más que la portavoz del saco de plomo este. Claro, porque ella, la pobre, no podrá sacar conclusiones sola. Así también, seré el culpable de que este grupo de amigos se haya ido desintegrando. A lo mejor es así, pero también puede ser que seas tú el que vive en una especie de campana, el que cree que  en la vida la gente no va buscando su lugar cada día, y que al final, cada uno se termina rascando con sus propias uñas.

Antes yo los invitaba cuando iba a tocar por ahí. Pero ahora ya no lo hago, si igual no se aparecen ni a saludar, ni siquiera cuando toco cosas más populares con el grupo donde toca también Alfonso.
Pero ya basta de quejas.

Tú dices que te ayuda mucho saber detalles, que todos los detalles te ayudan. Y si quieres detalles, yo  te puedo dar algunos, porque yo fui el que se sacó el premiado y fue a retirar el cadáver (claro, como soy el más frío, no es problema para mí ir a ver el cuerpo hecho salsa de un amigo, de alguien que conocí desde chico) y por ende fui el único que lo vio realmente, que vio el estado en que quedó. Te voy ahorrar una descripción de eso, no por bueno, sino porque no quiero ni pensar de nuevo en esas imágenes.

Uno de los médicos creía que lo habían aplastado varias veces, y el caso estuvo a punto de ser investigado policialmente más allá de lo usual en un caso así, porque siendo que allí realmente no hay mucho tráfico, en el primer examen alguien había apuntado que estaba como repasado varias veces. Es decir, sugería, que el mismo vehículo había pasado sobre él de ida y en reversa. A lo mejor fue al al revés. Al final no encontraron nada definitivo para suponer algo fuera de una cadena trágica de casualidades. Nunca se ubicó ni al conductor ni al vehículo. No hubo testigos tampoco de nada. Los exámenes toxicológicos dieron positivo en alcohol, en una concentración bien alta, y en barbitúricos de distinto tipo. Estos documentos creo que quedan a disposición de la familia. No sé quién podría ser familia aquí en Santiago, porque el tío, el que que vino a hacer todos los trámites, se volvió a Valdivia sin dejar su contacto. Yo por lo menos no lo tengo.
Otra cosa es que los gastos del entierro, es decir de la cremación,  los pagó este tío Werner junto con el aporte de todos los que estábamos aquí. Ese es otro detalle que a lo mejor te interesa también saber.

Para terminar, y ya que no creo que nos veamos en persona, te voy a contar lo que yo creo que pasó, y que es bastante más simple que las teorías de que Marco estaba solo y desesperado, y se suicidó y que todos tenemos ahora que cortarnos las venas por lo que pasó, por indolentes y malos.

Lo que yo creo es que fue una muerte accidental facilitada por una sobredosis. No creo que él se haya preparado un cóctel ése día y se haya acostado detrás de un camión con el propósito de morir aplastado.  Me imagino al decir esto, que tú sabías que Marco desde años venía tomando lo que viniera. Tú sabías ¿No?
Yo creo que estaba mal, sugestionable, y alterado por lo que sea que haya estado consumiendo; andaba asustado siempre, como si anduviera viendo fantasmas.
Si quieres escuchar más del tema habla con la loca de la Clara, a ver con qué te sale.

Marco nunca fue mentalmente muy firme, es decir ¡qué digo! él nunca fue para nada estable psicológicamente. Desde los 15 años estaba en todo tipo de terapias, desde que murió su mamá. Yo nunca supe si tenía algún diagnóstico claro de algo, eso lo debes saber tú mejor que yo.
Alguna sustancia le habrá gatillado finalmente algo más drástico,  y se le fue la mano con las mezclas, y colapsó en la calle, en el peor lugar. Y eso podría haber pasado también hace dos años, y también hace cuatro, en cualquier momento.


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