The Pipe

The Pipe

Moby Dick: Herman Melville

Great Lord of Leviathans
Great Lord of Leviathans

“When Stubb had departed, Ahab stood for a while leaning over the bulwarks; and then, as had been usual with him of late, calling a sailor of the watch, he sent him below for his ivory stool, and also his pipe. Lighting the pipe at the binnacle lamp and planting the stool on the weather side of the deck, he sat and smoked.

In old Norse times, the thrones of the sea-loving Danish kings were fabricated, saith tradition, of the tusks of the narwhale. How could one look at Ahab then, seated on that tripod of bones, without bethinking him of the royalty it symbolized? For a Khan of the plank, and a king of the sea, and a great lord of Leviathans was Ahab.

Some moments passed, during which the thick vapour came from his mouth in quick and constant puffs, which blew back again into his face. “How now,” he soliloquized at last, withdrawing the tube, “this smoking no longer soothes. Oh, my pipe! hard must it go with me if thy charm be gone! Here have I been unconsciously toiling, not pleasuring–aye, and ignorantly smoking to windward all the while; to windward, and with such nervous whiffs, as if, like the dying whale, my final jets were the strongest and fullest of trouble. What business have I with this pipe? This thing that is meant for sereneness, to send up mild white vapours among mild white hairs, not among torn iron-grey locks like mine. I’ll smoke no more–“

He tossed the still lighted pipe into the sea. The fire hissed in the waves; the same instant the ship shot by the bubble the sinking pipe made. With slouched hat, Ahab lurchingly paced the planks.”


La pipa

Una vez que Stubb se hubo retirado, Ahab permaneció un rato reclinado sobre la borda; y luego, según se había vuelto su costumbre, llamó a un marinero de guardia y lo envió abajo a buscar su taburete de marfil, y también su pipa. Encendiendo la pipa a la luz del farol de bitácora y ubicando el asiento a barlovento, se sentó a fumar.

En los antiguos tiempos nórdicos, los tronos de los reyes daneses, amantes del mar, se fabricaban, cuenta la leyenda, usando los colmillos del narval. ¿Quién podría, al mirar en ese momento a Ahab sentado en ese trípode de hueso, dejar de relacionarlo con la realeza que simbolizaba? Porque un verdadero Khan de las cubiertas; un rey de los mares y un gran señor de leviatanes es lo que él era.

Pasaron algunos momentos, mientras el humo espeso salía de su boca en rápidas y constantes bocanadas, que el viento devolvía contra su rostro. “Cómo es que ahora”, monologó finalmente, retirando la boquilla, “el fumar ya no me calma. Oh, pipa mía, cuán mal ha de estar mi disposición, si veo que tu encanto se ha desvanecido. Aquí he estado, esforzándome mecánicamente antes que disfrutando, ay, y fumando todo el tiempo contra el viento, sin darme cuenta, contra el viento y en bocanadas tan frenéticas, como la de las ballenas en agonía, donde los últimos resoplidos son siempre los más fuertes y los más turbulentos. ¿Qué relación puedo yo tener todavía con una pipa? Este aparato que está pensado para la serenidad, para poder exhalar suaves vapores blancos a perderse entre suaves cabellos blancos, no entre mechones torcidos y grises, de hierro, como los míos. No fumo ya más.”

Arrojó la pipa todavía encendida al mar. La brasa siseó en las olas al mismo tiempo que el navío apartó la burbuja que la pipa al hundirse había producido. Con el sombrero metido hasta las orejas prosiguió Ahab su marcha oscilante por sobre cubierta.

  • 2010- © 2018 | ricardo castillo sandoval | Illustration work is licensed under a Creative Commons License. • Hermann Melville: “Moby Dick” | Chapter 30: “The Pipe”

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