Caluga#34 Rebe

Rebe

Hola. Seguro que no te esperabas que yo te hablara en estos momentos. ¿Sabes quién soy? ¿No? La Rebeca.
Para que veas, estoy grande y sé escribir. La chica del grupo. No sé qué recuerdo exactamente tengas de mí la verdad, estoy perdida en eso. Siempre he estado un poco perdida contigo. Nunca nos tocó pasar mucho tiempo juntos, me refiero un tiempo más … más de a dos, digamos. Nos veíamos siempre en grupo, en el tiempo en que nos juntábamos más seguido.
Creo que conversamos eso sí una vez, bastante largo cuando me ayudaste en un cambio de casa y fuiste el primero en llegar y el último en irse. Sí, de eso me acuerdo bien. Bueno, mucho preámbulo. Esa conversación en todo caso se me quedó en el recuerdo, porque hablamos casi todo el tiempo de Marco. No era difícil llegar al tema Marco, porque siempre daba algo qué hablar, ése día fue porque me había asegurado que me iba a ayudar y no apareció.

Yo también tengo mucha pena. Una de las razones por las cuales quería hablarte, es porque creo que a tí lo que más te afecta, es esta especie de C’est la vie-actitud de todos. Pero yo también tengo pena y rabia. Como tú o más quizás. Sabes que Marco me dijo cosas raras un poco antes de que decidiera sufrir el accidente que todos veníamos adivinando. Raras y terribles, ahora miradas desde esta perspectiva.

Andaba súper alegre y afectivo, esto seguramente ya te lo han contado. Después de la neumonía que le vino a principios de año, lo veíamos radiante. Haciendo chistes con eso, porque le venía una neumonía casi todos los años. El las llamaba mis veranos tísicos. “Ya tuve mi veranito tísico, me puedes dar besitos“, decía.

La última vez que lo ví andaba con esto del te quiero. Me dijo muchas veces te quiero, insistía en que hay que decir “te quiero” y que él ya sabía y entendía finalmente al mundo, porque ahora estaba en el secreto de que hay que decir “te quiero” todo el rato. Vox Populi, decía, y recalcaba que es sabiduría popular, que si la gente lo dice, por algo será, porque hace bien decirlo. Porque es como tomarse un té caliente al llegar después de un largo día a la casa, muerto de frío. Y decía que es como una técnica, parecida a aquella que practican los chinos en grupo, reírse a la orden. Como si un Simónmanda soltara un “¡pelar papas!” y vamos pelando papas, así estos chinos reunidos en un parque de Beijing, a la orden de risas, se largan a reír al unísono: la contracción de los músculos de la cara en el sentido de la carcajada, le envia-lía, decía Marco imitando el habla de un asiático, el mensaje al alma de que uno está feliz. Y por eso insistía en que el “te quiero” es parecido, sirve mucho decirlo.
Es como ejercitar el músculo y criar fuerza, repetía Marco muerto de la risa. Para que funcione hay que usarlo, sentenciaba poniéndose una mano sobre el pecho. Y me abrazaba a cada rato. Y cantaba canciones siúticas, sobre todo una de Raphael, y me hacía reír con eso de “con la fuerza de los mares”, porque cantaba medio imitando. Ahora ya no me acuerdo de todos los temas que llegó cantando y que subrayaban su teoría del te quiero, pero eran varios.

Las cosas de Marco. Pero por eso yo lo veía bien y eso es lo que te quería decir. Lo veíamos bien, y contento. Lo más divertido que dijo ése día fue una especie de colofón al ejercicio del te quiero, y era que él alegaba que es súper importante decirlo y decirlo varias veces durante el sexo, porque según él los “te quiero” en ese trance, calientan. Calientan terrible. Y se reía y nos reíamos los dos de la idea esa de que hay que decir te quiero, porque decir te quiero al oído con una voz quemante calienta.

Caluga#34 “Rebe” en Calugas textuales.

  • “Calugas textuales”, Caluga#34 “Rebe” | 2010- © 2018 | ricardo castillo sandoval | This work is licensed under a Creative Commons License.

Leave a Reply

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.